08 septiembre 2008

En la fonda

Suelo comer, como muchos mexicanos, en una fonda donde sirven en 3 mesas largas, esto es muy útil si se va solo. Casi todos vamos como borreguitos a lo que nos truje, a comer y ver un poco de televisión horrenda, ¡qué programas tan lelos hay a esa hora!. Damos las educadas buenas tardes o buen provecho y ya. De repente, cuando alguien nos hace las platica nuestra comida se vuelve mas amena, un poco hogareña podría decir, te sientes menos invisible.

Cerca de la fonda hay una agencia de autos y una peculiar señora-mecánica suele comer ahí, nuestra plática dió inicio con lo difícil que es encontrar una fonda que sea buena y barata como a la que vamos, un día, la Sra. Elsa y yo hablamos del dinero y de mejores formas de invertirlo, entonces recuerda haber leido una revista de negocios alternativos, se topó con la cría y venta de caracoles, le interesó tanto que se fue a Veracruz a investigar de que trataba el famoso negocio, captó toda mi atención por las características que mencionaba: poco dinero para invertir, alta demanda, se paga bien en los restaurantes, es un platillo nada común...chistoso negocio para una mecánica.

Un señor de 70 y tantos, cuya habla suena extraña, es decir, habla como los sordos, con no muy buena dicción, pero eso es lo de menos, el señor, Antonio, es super simpático, me ha platicado tantas cosas....todo comenzó por una sopa de lentejas, dice que de niño eso les daban de comer en el barco que se los trajo de España a él y a su padre; su mamá y su hermano tuvieron que quedarse, eran prisioneros, los habían capturado en la guerra civil; años después su papa logró traerlos a México, con ayuda de amigos y parientes, que triste separar a una familia por la guerra. Me ha contado que de jóven era super coqueto y que le encantan las motos, todavía posee una Harley clásica, muero por verla. Tuvo 5 hijos varones y todavia se lamenta de que ninguno de ellos fuera mujer, “si tuviese una hija no estaría tan solo -me dice- las mujeres ven mas por sus padres y seres queridos, mis hijos casi no me pelan, tengo puras nietas pero no es lo mismo, les digo a mis hijos que me llamen seguido, que tal si un día ya no amanecí??; enviudé hace como 20 años, justo cuando acababa de pagar la casa que compré para ella y los hijos años atrás, y tardé más de 20 años en pagar, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” recuerda, ahora está solo en su casa.

Historias pasan entre el plato de sopa y el guisado...

2 comentarios:

La Blu dijo...

antes preferìa no hablar con extraños, pero poco a poco me va gustando.

la historia de Don Antonio me dejò pensando... que triste una casa pagada y vacìa.

:) bon appetit.

anaencrucijada dijo...

No he visto a Don Antonio de unos meses para aca, temo lo peor...solo pido que este bien donde quiera que este.